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Spitz Alemán Pequeño
El Spitz alemán es una de las razas de perros más antiguas y la más antigua originaria de Europa Central. Los orígenes del spitz alemán no están muy definidos, pero la teoría más común señala que esta raza de perros desciende de los perros de la tundra de la Edad de Piedra (Canis familiaris palustris Rüthimeyer), la cual se reconoció posteriormente como «spitz de las comunidades lacustres». La expansión de la raza en el mundo occidental se hizo gracias a la preferencia de la realeza británica por los spitz alemanes, que llegaron a Gran Bretaña en el bagaje de la reina Charlote, la mujer de George III de Inglaterra.
El Spitz pequeño es una de las cinco razas de Spitz alemán que existen. En general son perros medianos o pequeños, fuertes y robustos que destacan por su cabeza en forma de cuña, parecida a la del zorro, con ojos diligentes y orejas, muy próximas entre sí, puntiagudas y erectas. Su cola, de inserción alta, está cubierta de pelo largo, volteada hacia arriba y se extiende sobre la espalda. Su pelaje es abundante y hermoso y se compone de doble capa: la externa de pelo largo, recto y separado y la capa interna de pelo corto, muy tupido y lanoso. Destaca asimismo el espeso collarín alrededor del cuello y en el pecho. El color del manto es variado, desde negro a pardo, blanco anaranjado, grisáceo y otros. Dependiendo de su designación como Klein o Mittel, el Spitz alemán puede tener entre 23 y 29 cm o 30 y 38 cm de altura, con un peso que oscila entre 5 y 11 kg.
Los ejemplares de esta raza son energéticos y adoran complacer a los suyos. Están constantemente buscando ser el centro de atención, a través de payasadas o de ladridos. Aunque toleran a los niños pequeños, prefieren compartir su tiempo con los adultos y los niños mayores. Con los extraños se comportarán de manera distante. Les cuesta entrar en confianza y, lo más probable, es que traten de controlar la situación todo el tiempo. Por eso, son buenos como guardianes y perros de alerta. La socialización es clave para que no se vuelvan ariscos en exceso. Por otro lado, ladran bastante y de manera muy aguda. Esto puede convertirse en un hábito molesto para propios y extraños, si no se controla desde el inicio. Debido a su necesidad de agradar, son perros fáciles de entrenar. En ocasiones pueden ser tercos, por lo que se necesitará ser firme y no perder la paciencia. Los Spitz se llevan bien con otros canes y animales del hogar, incluso con los de tamaño pequeño. Pese a su marcado instinto de persecución, pueden convivir con gatos y con conejos si han sido criados juntos.
Todas las razas de spitz alemanes son generalmente saludables y no presentan incidencias elevadas de enfermedades caninas. Sin embargo, las enfermedades más comunes en este grupo de razas, con excepción del pomerania, son: displasia de cadera, epilepsia y problemas de piel. El Spitz Alemán es un perro muy adaptable – animado y atlético, disfruta de largas caminatas, pero también puede soportar ser un perro de interior, siempre y cuando se le permitan al menos 30 minutos de actividad al aire libre todos los días. Es una raza razonablemente energética en el hogar, raramente se queda quieta a menos que no haya nada a su alrededor. Su pelaje requiere de cepillados periódicos, al menos dos veces por semana, para evitar bolas y nudos.
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