
Noticias

Videos

Fotografías

Buscar Pareja

Adopción

Compra y Venta

Historias

Servicios para tu Perro

Contáctanos
¿Qué debo hacer para que mi mascota deje de ser agresivo?
Los perros no nacen siendo agresivos. Aunque es cierto que existen algunas razas que tienen por naturaleza mayor instinto protector y quizá un umbral de tolerancia más bajo. Sin embargo, es raro que un animal muerda sin motivo. Los expertos coinciden en que todo perro, sea de la raza que sea, puede aprender a portarse adecuadamente en las diferentes situaciones. Un pitbull, un rottweiler o un dóberman no tienen porqué ser más peligrosos que un Golden o que un labrador. La raíz del comportamiento agresivo en los canes no se encuentra tanto en sus genes sino en defectos en la socialización, miedos y fobias, mala gestión de la frustración, ansiedad, excitación excesiva, etc.
Un perro no se hace agresivo de la noche a la mañana. La agresividad es fruto de sentimientos negativos continuados o repetidos, especialmente provenientes de una mala gestión emocional ante el miedo o que se han ido reforzando a lo largo del tiempo. Sin embargo, también el dolor causado por una enfermedad puede extenuar al animal y conducir a comportamientos no deseados. Tampoco un can muerde porque le guste pelear o porque disfrute intimidando o haciendo daño a otros. Un perro agresivo es casi siempre un animal inseguro que no sabe resolver por sí mismo una situación. Dependiendo del motivo, la agresión puede manifestarse de distintas formas:
Una vez identificado cuáles son los detonantes del comportamiento, se debe trabajar junto con un educador canino para cambiar esa actitud progresivamente. Nunca se debe tomar a la ligera las conductas agresivas del perro, ya que, dependiendo de su fuerza o tamaño, puede representar un peligro para su dueño y su entorno. Si el can reacciona con otro perro o en un determinado contexto, hay que tratar, durante un tiempo, de evitar estas situaciones, en la medida de lo posible, para así bajar los niveles de estrés del perro. Una vez se está seguro de que ha adquirido las reglas de obediencia básicas y de que atiende a las instrucciones visuales y auditivas, se puede comenzar el proceso de desensibilización del estímulo detonante, con la ayuda de un experto en modificación de conducta.
En el caso de que el perro tenga ya un marcado comportamiento agresivo y pueda hacer caso omiso de las indicaciones en un determinado momento, se le puede poner un bozal. No hay que sentirse mal, se trata de una medida de seguridad temporal, nunca definitiva. Hay que tener en cuenta que este accesorio no debe usarse de forma continuada en el tiempo; una vez que el perro haya aprendido a gestionar por sí mismo la situación, ya no será necesario utilizarlo. Para que ponerle el bozal no sea una odisea, lo mejor es primeramente habituar al can tranquilamente en casa. Se puede, por ejemplo, poner snacks dentro, que solo podrá alcanzar si introduce el hocico. Hay que quítaselo tras un par de minutos y reforzar su comportamiento con palabras de aliento y con un snack extra. Se puede repetir varias veces esta operación y aumentar poco a poco el tiempo que se le deja puesto. Después de un tiempo se puede dejar de colocar snacks y sacar al perro a la calle con el bozal.
La serenidad y la confianza son cualidades que hay que adoptar en el trato con el perro y con su entorno. Los canes tienen una capacidad asombrosa para detectar el estado de ánimo de las personas. La inseguridad o nerviosismo del dueño pueden transmitirse. Por eso, se debe tener siempre una actitud segura y positiva con el perro. En aquellas situaciones en las que pueda reaccionar de forma agresiva, hay que intentar controlar los nervios y hacer que todas las experiencias sean lo más agradables posible para él.
Por último, se debe pasar a la acción, es recomendable acudir a un profesional que pueda llevar a cabo una rutina de modificación de la conducta mediante el adiestramiento. En el adiestramiento, lo primero que se practica son los comportamientos más importantes. Con los ejercicios de obediencia, el perro aprende las instrucciones visuales y auditivas básicas, como acudir a la llamada o las diferentes instrucciones para sentarse, tumbarse, levantarse o parar de hacer algo. Cuando ya ha interiorizado estas directrices y las cumple, se puede empezar a desensibilizarle de los desencadenantes. El adiestrador recreará situaciones en las que el perro reaccionaría con agresividad y os enseñará modos de actuación alternativos. Una manera de tratar los problemas de agresión en los perros es mediante el refuerzo positivo: las recompensas repetidas pueden reconducir el comportamiento del can para conseguir las conductas deseadas.
¿Te gusta Pets & Puppy?
¡Suscríbete gratis y recibe nuestros artículos en tu email!







